Abigarrado quejumbrar de apócrifos lamentos procrastinados en la incontinencia donde el corazón apiña la verdad de la duda. Y se eleva el indecible
Invocare tu inucitado agravio con la esperanza puesta en el pulsante devenir. Y de tus manos tomar mi aire y suspirare un lamento vigilia por los insoportables momento de quietud de aquello que se discute en perecer. Yo vengo con las manos abiertas, la frente al viento y una insospechada perdida de intencion. Flagerante es ahora el meditar en las doctrinas del olvido; y han dado la sentencia a quienes cantan su cancion lacerante.
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