Sus ropas con sabores dulces
maloliente su expresión
su boca hablaba en colores
de atracción y apremio, yo
que tanteaba su aura
que, filosa y en la distancia,
acariciaba -como la caída al vértigo-
mi disculpa y proposición
miraba el enojo y calor de su rostro
mas también, las heridas de la carne
por lo que olí
humeante modorra de piel, que me dejo tocar