...que mal acompañado acompañado me siento aveces!! la monotonía mata, y cuando no se siente la juventud de una amistad, cuando no se esta en la primavera de risas y proyectos, las cosas decaen un poco; se vuelven otro poco agrias, amargas, toxicas si se quiere, y esto ultimo, fue lo que me alentó a lo siguiente:
En un vieja cabaña, en el medio del bosque, vivía el leñador Cantigua. Era un hombre un hombre altísimo de origen escoses, con rasgos gruesos y grandes brazos de los que se valía para realizar la tala. Era de un carácter -en principios- amigable, siempre tenia una airosa manera de comenzar las conversaciones y conseguía el agrado de la gente con la que trataba, pero si a el no le agradabas eras el primero en enterar; a pesar de esto, no tenia ningún amigo ni familiar con quien tuviese un relación cercana, una verdadera amistad.
Hablando, entre pipada y pipada, una fría noche de inviernos, nos contó junto a un fogón la historia de la vez que verdaderamente tuvo una compañía, un fiel amigo:
-A mis 20 años, cuando un pariente lejano, me dijo que en los bosques detrás de la montaña la tala se estaba transformando en un negocio arranzador -tanto como la acción misma- y que seria una estupidez desaprovechar tal oportunidad. Yo que era joven y no disponía de mucha diversión en mi pueblo de origen, me emprendí en la búsqueda de nuevas aventuras.
Me instale en los bosques, en una cabaña nueva y abandonada, que me dispuse a ocupar como refugio. Llegue a mediados de enero, donde el otoño se empezaba a mostrar y los vientos fríos del mar del norte no tardaban en llegar. La verdad que en ese momento, el primer "encontronazo", me la vi fulera, pero los climas hostiles dejaron de ser novedad cuando en este pedazo del mundo comenzaron a cambiar un poco las cosas.
Ya instalado en mi cabaña, pase la primera noche durmiendo en un rincón, la casa estaba vacía y lo único que tenia, era la esperanza de que el camión con los muebles llegara al día siguiente o en un mes, nunca me termino de quedar claro. Esa noche fue brava eh!, fue toda una supervivencia, -cuenta el leñador, y se le deforma la cara de nostalgia y de una sonrisa melosa de buenos recuerdos- pero bueno, después de ese aguante me sentí de fierro. -Y si eso es lo que sos, fierro escoses! -dice malena graciosa, y las risas se hacen generalizadas-
-Las únicas visita que recibí ese invierno -dice cantigua, como reflexionando- era la del camión del gitano al que le vendía la madera que cortaba, que llegaba todos los lunes, para llevarse los troncos que había cortado en la semana; la de uno o dos amigos, a los que extrañaba mucho, -la voz del escoces se quiebra, su mirada se clava en la pared a la altura del horizonte, y comienza a relatar perturbado- lastima que se fueron pronto, dije algo que no les gusto y Zas! desaparecieron, que gente sensible la pucha que los parió; Haa! -dio un salto, como si en su cabeza hubiese aterrizado un recuerdo que le alegraba- y una ultima, una amiga que supo hacerme compañía este duro invierno.
-todos hicimos una mueca de duda, preguntándonos de que se trataba esta ultima; Nilo, que era el mas extrovertido del grupo, le pregunto en tono de cargada, si en el bosque había prostitutas, ninfas o hadas, o que cosa podes llegar a tener acá de compañía-.
-Naah! que decís, -contesto cantigua- fue una compañía un tanto extraña que me hice, voy a parecer loco contando, pero bueno, el bosque es así.
"en Saturno, el mes en que el otoño le deja lugar al invierno, y este se desata con toda su ímpetu, las exigencias de madera comenzaron a aumentar por lo que debía levantar cuando aun el sol no asomaba, talaba arboles todo el día, y volvía en el crepúsculo a mi casa, entumido, comía algo y dormir. Estos de verdad que eran días en los que no vivía, y todas mis energías estaban en talar. Los fines de semana ( los días Dionisio y Sosiego), por el mal tiempo, y las intensas nevadas, me debía resguardar en mi casa. En estas hibernaciones fue que conocí a mi amiga.
Uno de esos fines de semana, conté una pasada completa del sol y varios metros recorridos por la luz del segundo alba que atravesaba la ventada, de los cuales me los pase mirando al techo, mis pies y mi cuarto mientras fumaba de mi pipa. En un momento (o vistazo) dibise una objeto blanco, delicado y vivaz, en la otra punta de la cabaña. me acerque a ella, y advertí que era una flor -la cara del escoces se llena de entusiasmo- que hermosa flor dije, en ese momento se me lleno el pecho, parecía el parto de una hija... y justo en hueco que estaba en el piso, que casualidades de la vida!. pase el resto de las horas observando la flor, hasta que el crepúsculo de Sosiego llego y me recoste en vista de la nueva semana, la semana de Los Alpes.
Estuve todos Los Alpes, recordando y figurando aquella flor, que me había alucinado. desee con tanta pasión una flor (que en esa época escaseaba), tanto que la admiraba en mi mente y disfrutaba su hermosura, mi buenaventura y casualidad de encontrarla, y encima nacida dentro de mi cabaña -pensaba en viva voz, mientras las cejas se le arqueaban con el énfasis de su relato-.
Cuando desperté el Dionisio, ya relajado por el fin de semana, lo primero que hicieron mis ojos luego de abrirse fue contemplar la flor. Me sentía bien con solo contemplarla, por lo que me acerca y le hable como si me escuchase (que no estaba muy alejado de la realidad por cierto). Cuando deje de darle melosas palabras y comencé hablar de un manera mas critica sobre esta, escuche un eco en mi mente, como una resonancia o la voz de la conciencia.
me decía: -antes de hablar de mi, ponte color maldito ser humano, que al morir los humanos son blancos- entendí que venia de la flor, me sorprendí, pero luego pensé en lo que me dijo. Pues ella era de un blanco divino, mas que angelical. pero yo era un hombre de tez colorada, y en el invierno mi rostro era blanco, salvo por mi nariz y mejillas que estaban rosadas por el frió. Cuando cayó agua al tanque de mi mente, deje de lado la reflexion, y advertí que había sido la flor la que me había hablado, y encima me había visto!.
comencé a tener largas, ininterrumpidas y nutridas charlas, antes o después de trabajar, o los días Dionisio y Sosiego, donde podíamos pasar horas sin parar ni para chupar un poco de agua por el tallo. su voz resonaba en mi mente cuando decía algo que le parecía bien o le interesaba, por lo que no me fue fácil saber de que debía hablarle. cuando entre en confianza, bastaba mirarla fija y comenzar una charla.
Y así, se fue pasando el invierno, y comencé a conocer y entender a la bella flor. Cuando nos uníamos en charlas, sentía que una lozanía se apoderaba de ella, su apariencia mejoraba, tomaba un color mas blanco y vivo que lo normal, cuando hablamos la planta tomaba vida y crecía.
Esto lo descubrí al tiempo -dicen cantigua- ya era obvio que mi compañía le daba vida, por lo que me dedique completamente a ella. Fue un hecho excelso - su rostros se pone serio y pareciera que busca como en una especie de álbum de fotos mental-, la flor parió 4 hermosas ojas, verdes como las mas vivas plantas, se rodeaba cada vez mas de hermosos pétalos y su tallo comenzó a engordar y se escudo en poderosas espinas.
Así llego su madurez, y su crecimiento se relego a aumentar solo en tamaño...
Al tiempo, me canse de la flor, era siempre la misma, las charlas.. no menos distintas. algunos días, me embriagaba con un ron añejo que me trajo el pariente lejano, y le reclama con alaridos a la planta, lo estúpida que era, la monotonía de su crecimiento y con la candidez con que crecía, puesto que sin el refugio de la cabaña no aguantaría el invierno.
La flor me replicaba que era la naturaleza de sus genes, que esa inocencia era la que lo había delirado, si quería algún cambio positivo en ella, que tan solo lo anime, la flor iba a entender y saber aprovechar. La empecé a ignorar y tratar con mas odio -contestaba ahora funesto, el leñador- no estaba conforme con la flor; se había vuelto tonta, no la sentía a mi altura, comenzó a ser una carga para mi.
cuando llego la primavera, en los meses de homero o platon, el bosque comenzó a tomar vida y nitidez. Cuando despertaba para comenzar el día, observaba la garua típica de la época atravesada por la alboroza luz del alba. salia de mi cabaña, y un remanso de brisas y una benigna paz me hacían. Con esto, la flor se me hizo mas extraña, ya no conversábamos y cada vez la encontraba mas aciaga y marchita. Fue mi soberbia y egoísmo -el escoces pierde el destino de su mirada y toma un temple algo introvertido, como hablado con su adentros- la que la mataron-.
Fue esa situación la que me colmo, y me decidí a hablar por ultima vez, y proponerle un trasplante. Cuando me acerque a ella, la mire fijo y escuche que me hablo con una voz moribunda, de ultratumba. Su color era de un blanco sucio, teñido de tristeza y congoja.
cuando me acerque mas, hoy bien lo que me quería decir.
-vois leñador, habéis llegado al punto de quererme y respetarme como a una compañera y amiga, pero me habéis sentido extrañada, distinta a vois, superior a mi. me juzgaste de boba y amarga, juzgaste de manera pertinaz en las mismas cosas que te deliraron de mi. La brevedad de mi vida esta finalizando, se ha cerrado un ciclo y antes de que veas tus errores, yo ya voy a haberme ido. por lo que te dejo para que reflexiones -en ese momento el leñador comenzó a emanar lágrimas de cocodrilo- yo que supe crecer en tus palabras, tu compañía me hizo la flor mas afortunada del invierno y del hemisferio. una bella relación quedo como anécdota, te dejo en vista de tu egoísmo y soberbia. de creerte mejor que las cosas que no crecen contigo, sino que lo hacen distinto - y así, la flor murió, su tallo endeble cayó al piso y sus ojas volaron en las direcciones del viento. no entendía bien lo que había pasado, creo que aun no lo hago. esa misma mañana, arroje los restos de la flor al patio...
Eso no es todo -dice el leñador un poco resentido y nostálgico nuevamente- en el lugar que arroje la flor, crecieron hermosos y tupidos arbustos, con innumerables flores de un ambrosía de color y forma, y una lozanía impetuosa, que lo hacia de los arbustos mas portentos del bosque. me acerque a ellas y quise tener una charla, pero nada, se había perdido esa costumbre que transgredió con la naturaleza, acaso?
Paulatinamente -cuenta el leñador como si terminase un cuento- observaba al arbusto con sus bellas flores, en las que danzaban mariposas y abejas, se les acercaban venados y ciervos, comadrejas, ardillas, y muchos animales mas se acercaban y chiyaban a los alrededores de la planta, la que parecía viva y acompañada por la fauna del bosque. esta convivencia era armoniosa y pacifica, un fidedigno ejemplo de relación.
ahora ven ese alto muro abarrotado y tupido de hojas, ramas, espinas y flores. la fecundadora de todo eso, una vez hablo con migo y transcurrió serena su vida allí, en esa esquina.
Lo escribiste vos?
ResponderEliminares muy bueno!!
ResponderEliminarSisi, graciela che! :)
ResponderEliminarvos tenes blog? por no lo dejaste?
Me hago cargo del primer comentario jaja sos culeado, pensé que lo habías sacado de por ahí. Muy bueno che, tiene un factor común con el Principito, como causan estragos las flores que hablan en los cuentos :) estudiá letras, definitivamente..
ResponderEliminarTienen el amor de mil seres humanos y la delicadeza de una pluma, creo que la mejor historia de amor se parece a una rosa
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